viernes, 19 de noviembre de 2010
Fotos del paseo....Padres y Niños, Noviembre 2010
Aquí mas fotos, (estas me las mando Caty Nivelo y otras que saque por ahí..gracias)
Las fotos de este video me las mando Vernon
jueves, 28 de octubre de 2010
Un pensamiento...
La verdadera diferencia religiosa
no es la diferencia entre quienes dan culto
y quienes no lo dan,
sino entre quienes aman
y quienes no aman.
no es la diferencia entre quienes dan culto
y quienes no lo dan,
sino entre quienes aman
y quienes no aman.
jueves, 26 de agosto de 2010
Esto me pareció muy interesante...espero sea un buen tema de discusión
¡Yo soy mejor padre que tú!
Autor: Ricardo Acevedo Zalaquett
Fuente Icarito
Lejos de solidarizar, los padres de hoy tienden a enjuiciar las decisiones de sus pares sobre la crianza de los hijos. ¿El resultado? Una generación que viven con el temor a equivocarse.
No alimentar a los hijos con leche materna o no salir con ellos todos los fines de semana a la nieve, playa o montaña. Qué decir si los niños no entraron al mejor colegio posible. El veredicto será tajante: usted está fallando en algo como padre o madre.
Bombardeados con abundante información acerca de cuál es la manera correcta de criar a los hijos, decenas de libros de autoayuda y cientos de estudios científicos, los padres de hoy enfrentan una dura competencia por ver "quién lo hace mejor". Por un lado están los papás sobreprotectores; por el otro, los que defienden el slow parenting y creen que hay que dejar a los niños en libertad para crecer. Y en el medio de estas tendencias, toda una generación de padres que vive con la angustia y el temor a equivocarse. Un fenómeno que ha despertado la preocupación de especialistas en Estados Unidos que ya están hablando del "parenting competitivo" para referirse a la dura competencia que se está dando entre las nuevas generaciones de padres.
"En lugar de ayudarse y compartir experiencias valiosas acerca de la crianza de los hijos, los papás de hoy se critican, compiten y creen ser los únicos dueños de la razón. Hacen sentir miserables a otros padres", explica la pediatra Wendy Sue Swanson, especialista que acuñó el término. Se trata de un problema que afecta particularmente a las madres, argumenta la experta, cuyo ánimo se encuentra más susceptible a ser afectado por esta clase de críticas, en especial durante los primeros meses de la guagua.
Demasiada información
John Berman, autor del libro Guía de la A a la Z para criar niños felices y seguros, explica en un artículo publicado por USA Today que una de las causas que subyacen en el fenómeno es el exceso de información. Hoy muchos padres se sienten abrumados por el exceso de alternativas para criar a los hijos: desde si es o no positivo usar el chupete, hasta el peligro del andador, pasando por las diversas técnicas para conseguir que duerman. "A menudo, alguien que toma una opción diferente a la que 'está de moda' es visto como negligente por el resto", afirma el especialista.
Bien sabe de esto la escritora estadounidense Lenore Skenazy, autora del libro Free Range Kids, en el cual tomó partido por la corriente del slow parenting. Según contó a La Tercera, decidió escribir el libro tras ser catalogada públicamente en su país como "la peor mamá de América", luego de escribir una columna en la que contaba la experiencia de su hijo, de nueve años, quien había abordado solo el metro de Nueva York con su permiso: "De pronto estaba en tres canales de TV dando entrevistas para defenderme de toda clase de acusaciones de negligencia".
Tiempos modernos
La sicóloga Paz Valenzuela, de la Universidad Andrés Bello, explica que esta "competencia entre padres" es un fenómeno eminentemente moderno, ya que hasta hace algunas décadas los padres todavía confiaban en lo que dictaban las tradiciones a la hora de educar y criar a los hijos. Sin embargo, factores como el acceso a la tecnología, internet y el hecho de que muchos estén retrasando la paternidad para después de los 30 años, han reforzado el hecho de que los padres busquen el éxito para sus hijos y sientan que, por ende, están enfrascados en una competencia,
Es así, dice la experta, que suelen llegar a la consulta pidiendo orientación sobre estilos de crianza específicos que han escogido para sus hijos. "Me he topado con papás que no los dejan ver TV o que han escogido ciertos tipos de alimentación. En general, buscan un aval teórico que respalde su estilo de crianza y, en ese contexto, el pedir ayuda a otros no forma parte de su concepto de paternidad", dice la especialista. Y es precisamente aquí donde se generan las competencias entre los padres, agrega, al punto que muchos generan verdaderos "dogmas" en torno a cómo debe ser la crianza correcta de un hijo.
Lo cierto es que el fenómeno no hace más que acentuarse a medida que los hijos van creciendo y van avanzado al interior del sistema educacional. Según cuenta a La Tercera Alexandra Robbins, autora del best seller The Overachievers, en el que describe el fenómeno de los padres sobreprotectores y sus hijos, explica que, a medida que los niños crecen, gran parte del problema radica en que los papás sienten que la imagen de sus hijos refleja su propia imagen.
La experta dice que es en este contexto que se va generando un nocivo "juego de comparaciones" con otros padres. Comenta que usualmente todo gira en torno a las notas, el colegio en el cual estudian, si son o no buenos para los deportes, el arte o, incluso, si colaboran más o menos en la casa. Como parte de las charlas que da en colegios y universidades en EE.UU., Robbins aconseja a padres y sus hijos jamás conversar estos temas con nadie fuera del entorno familiar. "Es la única forma de ir rompiendo con esta clase de competencias absurdas", concluye.
Paz Valenzuela agrega que se debe intentar romper estos círculos de competencia paterna, ya que tarde o temprano la competencia se extiende a los niños, que terminan sobreestimulados innecesariamente: clases de yoga, computación y talleres de todo tipo antes de cumplir los cinco años. Talleres que muchas veces, por cierto, no necesitan.
Autor: Ricardo Acevedo Zalaquett
Fuente Icarito
Lejos de solidarizar, los padres de hoy tienden a enjuiciar las decisiones de sus pares sobre la crianza de los hijos. ¿El resultado? Una generación que viven con el temor a equivocarse.
No alimentar a los hijos con leche materna o no salir con ellos todos los fines de semana a la nieve, playa o montaña. Qué decir si los niños no entraron al mejor colegio posible. El veredicto será tajante: usted está fallando en algo como padre o madre.
Bombardeados con abundante información acerca de cuál es la manera correcta de criar a los hijos, decenas de libros de autoayuda y cientos de estudios científicos, los padres de hoy enfrentan una dura competencia por ver "quién lo hace mejor". Por un lado están los papás sobreprotectores; por el otro, los que defienden el slow parenting y creen que hay que dejar a los niños en libertad para crecer. Y en el medio de estas tendencias, toda una generación de padres que vive con la angustia y el temor a equivocarse. Un fenómeno que ha despertado la preocupación de especialistas en Estados Unidos que ya están hablando del "parenting competitivo" para referirse a la dura competencia que se está dando entre las nuevas generaciones de padres.
"En lugar de ayudarse y compartir experiencias valiosas acerca de la crianza de los hijos, los papás de hoy se critican, compiten y creen ser los únicos dueños de la razón. Hacen sentir miserables a otros padres", explica la pediatra Wendy Sue Swanson, especialista que acuñó el término. Se trata de un problema que afecta particularmente a las madres, argumenta la experta, cuyo ánimo se encuentra más susceptible a ser afectado por esta clase de críticas, en especial durante los primeros meses de la guagua.
Demasiada información
John Berman, autor del libro Guía de la A a la Z para criar niños felices y seguros, explica en un artículo publicado por USA Today que una de las causas que subyacen en el fenómeno es el exceso de información. Hoy muchos padres se sienten abrumados por el exceso de alternativas para criar a los hijos: desde si es o no positivo usar el chupete, hasta el peligro del andador, pasando por las diversas técnicas para conseguir que duerman. "A menudo, alguien que toma una opción diferente a la que 'está de moda' es visto como negligente por el resto", afirma el especialista.
Bien sabe de esto la escritora estadounidense Lenore Skenazy, autora del libro Free Range Kids, en el cual tomó partido por la corriente del slow parenting. Según contó a La Tercera, decidió escribir el libro tras ser catalogada públicamente en su país como "la peor mamá de América", luego de escribir una columna en la que contaba la experiencia de su hijo, de nueve años, quien había abordado solo el metro de Nueva York con su permiso: "De pronto estaba en tres canales de TV dando entrevistas para defenderme de toda clase de acusaciones de negligencia".
Tiempos modernos
La sicóloga Paz Valenzuela, de la Universidad Andrés Bello, explica que esta "competencia entre padres" es un fenómeno eminentemente moderno, ya que hasta hace algunas décadas los padres todavía confiaban en lo que dictaban las tradiciones a la hora de educar y criar a los hijos. Sin embargo, factores como el acceso a la tecnología, internet y el hecho de que muchos estén retrasando la paternidad para después de los 30 años, han reforzado el hecho de que los padres busquen el éxito para sus hijos y sientan que, por ende, están enfrascados en una competencia,
Es así, dice la experta, que suelen llegar a la consulta pidiendo orientación sobre estilos de crianza específicos que han escogido para sus hijos. "Me he topado con papás que no los dejan ver TV o que han escogido ciertos tipos de alimentación. En general, buscan un aval teórico que respalde su estilo de crianza y, en ese contexto, el pedir ayuda a otros no forma parte de su concepto de paternidad", dice la especialista. Y es precisamente aquí donde se generan las competencias entre los padres, agrega, al punto que muchos generan verdaderos "dogmas" en torno a cómo debe ser la crianza correcta de un hijo.
Lo cierto es que el fenómeno no hace más que acentuarse a medida que los hijos van creciendo y van avanzado al interior del sistema educacional. Según cuenta a La Tercera Alexandra Robbins, autora del best seller The Overachievers, en el que describe el fenómeno de los padres sobreprotectores y sus hijos, explica que, a medida que los niños crecen, gran parte del problema radica en que los papás sienten que la imagen de sus hijos refleja su propia imagen.
La experta dice que es en este contexto que se va generando un nocivo "juego de comparaciones" con otros padres. Comenta que usualmente todo gira en torno a las notas, el colegio en el cual estudian, si son o no buenos para los deportes, el arte o, incluso, si colaboran más o menos en la casa. Como parte de las charlas que da en colegios y universidades en EE.UU., Robbins aconseja a padres y sus hijos jamás conversar estos temas con nadie fuera del entorno familiar. "Es la única forma de ir rompiendo con esta clase de competencias absurdas", concluye.
Paz Valenzuela agrega que se debe intentar romper estos círculos de competencia paterna, ya que tarde o temprano la competencia se extiende a los niños, que terminan sobreestimulados innecesariamente: clases de yoga, computación y talleres de todo tipo antes de cumplir los cinco años. Talleres que muchas veces, por cierto, no necesitan.
Un respiro para las mamas muy apegadas a los hijos (de bebes)....
Estudio confirma que apego materno genera adultos más resistentes al estrés
• Autor: Francisco Rodríguez I.
Fuente Icarito
Investigadores de la U. de Duke analizaron a 482 adultos cuyas madres habían sido evaluadas cuando ellos tenían ocho meses de edad. Los expertos hallaron que aquellos que recibieron mayor afecto cuando bebés, hoy tenían menos estrés y depresión.
El apego es definido como un vínculo afectivo entre dos personas que les proporciona a ambos seguridad, protección y confianza emocional. ¿El apego más común? El de una madre y su hijo, que aunque puede decaer en el tiempo, tiene efectos positivos en las personas que pueden ser más duraderos y fuertes de lo que se piensa. Así lo comprobó una investigación de la U. de Duke, en EE.UU., que evaluó a 482 personas, cuyas madres habían sido analizadas cuando ellos tenían apenas ocho meses de vida. Es decir, 34 años atrás.
¿Los resultados?
Los adultos cuyas madres habían reportado un mayor apego con ellos en su temprana infancia sufrían menos estrés, ansiedad, hostilidad y depresión. "Existe un creciente consenso de que los niveles de calidez y el afecto, especialmente entre madre e hijo, parecen moderar la respuesta al estrés, haciendo a los niños más resistentes a la frustración, angustia y otras dificultades", concluyen los investigadores de Duke, liderados por Joanna Maselko, cuyo trabajo aparece publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health.
Las diferencias entre los adultos que habían recibido mucho afecto en su niñez con aquellos que habían recibido poco era casi de siete puntos en la tabla de evaluación, que, según Mónica Kimelman docente de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, es "considerable" para ese tipo de test sicológicos.
¿Qué se entiende como un alto nivel de apego?
Para Kimelman es cuando la madre tiene la capacidad de detectar y contener los problemas de los niños de forma rápida y eficaz. "Con el tiempo, las mamás se dan cuenta que el llanto de comida es diferente que al del frío y saben solucionarlo lo mejor posible. Por lo que hay que aprender y estar disponible sicológicamente para ello", dice. Pues no todas lo están. De hecho, las madres con depresión posparto tienen niños más retraídos, muchas veces por falta de apego.
Lister Rosell, psiquiatra de Clínica Las Condes, dice que cuando hay un buen apego los niños captan y aprenden generando confianza y un vínculo más fuerte y que la lactancia es un primer paso. "La lactancia durante seis meses es más que nutrición. Es protección. Para los niños, conectarse al pecho es un alivio al malestar de los miedos y un puente afectivo hacia la madre".
• Autor: Francisco Rodríguez I.
Fuente Icarito
Investigadores de la U. de Duke analizaron a 482 adultos cuyas madres habían sido evaluadas cuando ellos tenían ocho meses de edad. Los expertos hallaron que aquellos que recibieron mayor afecto cuando bebés, hoy tenían menos estrés y depresión.
El apego es definido como un vínculo afectivo entre dos personas que les proporciona a ambos seguridad, protección y confianza emocional. ¿El apego más común? El de una madre y su hijo, que aunque puede decaer en el tiempo, tiene efectos positivos en las personas que pueden ser más duraderos y fuertes de lo que se piensa. Así lo comprobó una investigación de la U. de Duke, en EE.UU., que evaluó a 482 personas, cuyas madres habían sido analizadas cuando ellos tenían apenas ocho meses de vida. Es decir, 34 años atrás.
¿Los resultados?
Los adultos cuyas madres habían reportado un mayor apego con ellos en su temprana infancia sufrían menos estrés, ansiedad, hostilidad y depresión. "Existe un creciente consenso de que los niveles de calidez y el afecto, especialmente entre madre e hijo, parecen moderar la respuesta al estrés, haciendo a los niños más resistentes a la frustración, angustia y otras dificultades", concluyen los investigadores de Duke, liderados por Joanna Maselko, cuyo trabajo aparece publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health.
Las diferencias entre los adultos que habían recibido mucho afecto en su niñez con aquellos que habían recibido poco era casi de siete puntos en la tabla de evaluación, que, según Mónica Kimelman docente de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, es "considerable" para ese tipo de test sicológicos.
¿Qué se entiende como un alto nivel de apego?
Para Kimelman es cuando la madre tiene la capacidad de detectar y contener los problemas de los niños de forma rápida y eficaz. "Con el tiempo, las mamás se dan cuenta que el llanto de comida es diferente que al del frío y saben solucionarlo lo mejor posible. Por lo que hay que aprender y estar disponible sicológicamente para ello", dice. Pues no todas lo están. De hecho, las madres con depresión posparto tienen niños más retraídos, muchas veces por falta de apego.
Lister Rosell, psiquiatra de Clínica Las Condes, dice que cuando hay un buen apego los niños captan y aprenden generando confianza y un vínculo más fuerte y que la lactancia es un primer paso. "La lactancia durante seis meses es más que nutrición. Es protección. Para los niños, conectarse al pecho es un alivio al malestar de los miedos y un puente afectivo hacia la madre".
lunes, 21 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
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